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La Alquimia
La alquimia es una antigua práctica protocientífica que combina
elementos de la química, la física, la astrología, el arte,
la semiótica, la metalurgia, la medicina, el misticismo y la
religión. Muchos alquimistas persiguieron tres metas fundamentales.
La primera y más famosa era la transmutación de metales comunes
en oro o plata. También intentaron crear la panacea universal,
un remedio que curaría todas las enfermedades y prolongaría
la vida indefinidamente. La clave de estas metas era la piedra
filosofal, esta sustancia mítica, que podía ser polvo, líquido
o bien una piedra, tenía el poder de lograr ambas cosas. La
tercera meta de los alquimistas era crear vida humana. La alquimia
puede ser considerada como la precursora de la moderna ciencia
química antes de la formulación del método científico.
La palabra alquimia procede del árabe al kimiya o al khimiya
, que está formada probablemente del artículo al- y de la
palabra griega khumeia , que significa "echar juntos", "verter
juntos", "soldar", "alear", etcétera (de khumatos, "lo que
se vierte", "lingote"). En la Edad Media se solía usar la
expresión ars química.
A veces se considera a la palabra crisopeya sinónimo de
alquimia, pero ésta es mucho más que la mera búsqueda del
método para fabricar oro. La palabra crisopeya viene del griego
???sos, "oro", y po?e?, "hacer". El prefijo criso entra en
la formación de palabras en que interviene el oro, como crisoterapia
(tratamiento de ciertas enfermedades por medio de sales de
oro).
Visión general
La percepción común de los alquimistas es que eran pseudocientíficos
que intentaban convertir el plomo en oro, creían que toda
materia esta compuesta de los cuatro elementos básicos (tierra,
aire, fuego y agua) y se movían en los bordes del misticismo
y la magia. Desde la perspectiva actual, sus esfuerzos y creencias
tienen una validez limitada, pero si hemos de ser objetivos
habría que juzgarlos en el contexto de su época. Ellos intentaban
explorar e investigar la naturaleza antes de que muchas de
las herramientas y prácticas científicas más básicas estuviesen
disponibles, dependiendo en su lugar de las cuentas de la
vieja, las tradiciones, las observaciones básicas y el misticismo
para rellenar los huecos.
Para entender a los alquimistas, resulta de ayuda considerar
lo maravillosamente mágica que parecería la conversión de
una sustancia en otra (lo que formaba la base de la metalurgia
desde su incepción a finales del Neolítico) en una cultura
sin comprensión formal de la física o la química. Para el
alquimista, no había razón de peso alguna para separar la
dimensión química (material) de la interpretativa, simbólica
o filosófica. En aquella época una física desprovista de significado
metafísico habría sido tan parcial e incompleta como una metafísica
desprovista de manifestación física. Así que los procesos
y símbolos alquímicos solían tener tanto un significado interno
referido al desarrollo espiritual del profesional como un
significado material conectado a la transformación física
de la materia.
La transmutación de metales básicos en oro simbolizaba un
esfuerzo hacia la perfección o las mayores alturas de la existencia
real. Los alquimistas creían que todo el universo tendía a
un estado de perfección, y el oro, debido a su inmunidad a
la descomposición, se consideraba la más perfecta de las sustancias.
Intentando transmutar metales básicos en oro estaban de hecho
intentando echar una mano al universo. También era lógico
pensar que entender el secreto de la inmutabilidad del oro
podría proporcionar la clave para prevenir las enfermedades
y la decadencia orgánica. De ahí la intrincada mezcla de temas
químicos, espirituales y astrológicos que era característico
de la alquimia medieval. De esta forma, las interpretaciones
simplistas de algunos alquimistas o las fraudulentas esperanzas
abrigadas por otros no deberían devaluar los empeños de practicantes
más sinceros. Más aún, el campo de la alquimia evolucionó
mucho a lo largo del tiempo, comenzando como una rama metalúrgica
y medicinal de la religión, madurando hacia un rico campo
de estudio por derecho propio, degenerando hasta el misticismo
y el charlatanismo puro, y terminando por proporcionar algo
del conocimiento empírico fundamental en los campos de la
química y la medicina moderna.
Hasta el siglo XVIII la alquimia fue considerada una ciencia
seria en Europa: por ejemplo, Isaac Newton dedicó considerablemente
más tiempo y escritos al estudio de la alquimia que a la óptica
o la física, por las que es famoso (véase Estudios ocultos
de Isaac Newton). Otros eminentes alquimistas del mundo occidental
son Roger Bacon, Santo Tomás de Aquino, Tycho Brahe, Thomas
Browne y Parmigianino. El declive de la alquimia empezó en
el siglo XVIII con el nacimiento de la química moderna, que
proporcionó un marco más preciso y fiable a las transmutaciones
materiales y la medicina, dentro de un nuevo diseño general
del universo basado en el materialismo racional.
La transmutación de la materia, antiguo ideal de la alquimia,
disfrutó de un momento dulce en el siglo XX cuando los físicos
lograron convertir átomos de plomo en átomos de oro mediante
reacciones nucleares. Sin embargo, los nuevos átomos de oro,
al ser isótopos inestables, resistían menos de cinco segundos
antes de desintegrarse. Más recientemente, informes de transmutación
de elementos pesados -mediante electrólisis o cavitación sónica-
fueron el origen de la controversia sobre fusión fría de 1989.
Ninguno de estos hallazgos pudo ser reproducido con fiabilidad.
En cualquier caso, las condiciones necesarias estaban muy
lejos del alcance de los antiguos alquimistas.
El simbolismo alquímico ha sido usado ocasionalmente en
el siglo XX por psicólogos y filósofos. Carl Jung revisó el
simbolismo y teoría alquímicos y empezó a revelar el significado
profundo del trabajo alquimista como una senda espiritual.
La filosofía, los símbolos y los métodos alquímicos han gozado
de un cierto renacimiento en contextos postmodernos, tales
como el movimiento Nueva Era. Incluso algunos físicos han
jugado con ideas alquímicas en libros como The Tao of Physics
y The Dancing Wu Li Masters. La historia de la alquimia se
ha convertido en un vigoroso campo académico. A medida que
el oscuro -hermético, por supuesto- lenguaje de los alquimistas
está siendo gradualmente "descifrado", los historiadores van
haciéndose más conscientes de las conexiones intelectuales
entre esa disciplina y otras facetas de la historia cultural
de occidente, tales como los Rosacruces y otras sociedades
místicas, la brujería y por supuesto la evolución de la ciencia
y la filosofía.
Historia
La alquimia comprende varias tradiciones filosóficas
abarcando cerca de cuatro milenios y tres continentes, y su
general predilección por el lenguaje críptico y simbólico hace
que resulte difícil trazar sus mutuas influencias y relaciones
"genéticas".
Pueden distinguirse al menos dos tendencias principales,
que parecen ser ampliamente independientes, al menos en sus
primeras etapas: la alquimia china, centrada en China y su
zona de influencia cultural, y la alquimia occidental, cuyo
centro se ha desplazado a lo largo del tiempo entre Egipto,
Grecia y Roma, el mundo islámico, y finalmente de nuevo Europa.
La alquimia china estaba íntimamente relacionada con el Taoísmo,
mientras que la alquimia occidental desarrolló su propio sistema
filosófico, con conexiones sólo superficiales con las principales
religiones occidentales. Aún está abierta la cuestión de si
estas dos ramas comparten un origen común, o hasta qué extremo
se influyeron una a la otra.
Alquimia y astrología
La alquimia en Occidente y otros lugares donde
fue ampliamente practicada estaba (y en muchos casos aún está)
íntimamente relacionada y entrelazada con la astrología tradicional
al estilo griego-babilónico. En muchos sentidos fueron desarrolladas
para complementarse una a la otra en la búsqueda del conocimiento
oculto. Tradicionalmente, cada uno de los siete planetas del
sistema solar que conocían los antiguos estaba asociado con,
ejercía el dominio sobre, y gobernaba un determinado metal.
La lista de gobiernos era la siguiente:
" El Sol gobernaba el Oro
" La Luna, la Plata
" Mercurio, el mercurio
" Venus, el cobre
" Marte, el hierro
" Júpiter, el estaño
" Saturno, el plomo
Algunos alquimistas/astrólogos modernos asocian obviamente:
" Urano con el uranio
" Neptuno, neptunio
" Plutón, plutonio
Como tanto estos planetas como estos metales no han sido descubiertos
hasta hace relativamente poco, no hay base clásica ni tradicional
para estas asociaciones, a diferencia de lo que ocurre con
los planetas y metales antiguos.
La alquimia china
Mientras la alquimia occidental terminó centrándose
en la transmutación de metales corrientes en otros nobles, la
alquimia china tuvo una conexión más obvia con la medicina.
La piedra filosofal de los alquimistas europeos puede ser comparada
con el gran elixir de la inmortalidad perseguido por los alquimistas
chinos. Sin embargo, en la visión hermética, estas dos metas
no estaban desconectadas, y la piedra filosofal era con frecuencia
equiparada a la panacea universal. Por tanto, las dos tradiciones
pueden haber tenido más en común de lo que inicialmente parece.
La pólvora negra puede haber sido la invención más importante
de los alquimistas chinos. Descrita en textos del siglo IX
y usada en fuegos artificiales en el siglo X, fue usada en
cañones sobre 1290. Desde China, el uso de la pólvora se extendió
a Japón, los mongoles, el mundo árabe y Europa. La pólvora
fue usada por los mongoles contra los húngaros en 1241, y
en Europa a partir del siglo XIV. La alquimia china estaba
estrechamente conectada a las formas taoístas de medicina,
tales como la acupuntura y la moxibustión, y a artes marciales
tales como el Tai Chi Chuan y el Kung Fu (aunque algunas escuelas
de Tai Chi creen que su arte deriva de las ramas higiénica
o filosófica del Taoísmo, no de la alquímica).
La alquimia india
Poco se conoce en Occidente sobre el carácter
y la historia de la alquimia india. Un alquimista persa del
siglo XI llamado al-Biruni informó que "tienen una ciencia similar
a la alquimia que es bastante peculiar, a la que llaman Rasavatam.
Significa el arte que está restringido a ciertas operaciones,
drogas, compuestos y medicinas, la mayoría de los cuales proceden
de plantas. Sus principios curan a aquellos enfermos que estaban
desahuciados y devuelven la juventud a los marchitos ancianos."
El mejor ejemplo de texto basado en esta ciencia es el Vaishashik
Darshana de Kanad (sobre 600 adC), quien describió una teoría
atómica cerca de un siglo antes que Demócrito.
La alquimia en el antiguo Egipto
Los alquimistas occidentales generalmente situaban
el origen de su arte en el Antiguo Egipto faraónico. La metalurgia
y el misticismo estaban inexorablemente unidas en el mundo antiguo,
pues la transformación de oscuro mineral en brillante metal
debe haber parecido ser un acto de magia gobernado por misteriosas
leyes. Se afirma pues que la alquimia era en el Antiguo Egipto
el dominio de la clase sacerdotal. La ciudad de Alejandría en
Egipto era un centro de saber alquímico, y retuvo su preeminencia
incluso tras el declive de la antigua cultura egipcia, durante
la mayor parte de las eras griega y romana. Desafortunadamente,
casi no se han conservado documentos egipcios originales sobre
alquimia. Estos escritos, si existieron, probablemente se extraviaron
cuando el emperador Diocleciano ordenó la quema de libros alquímicos
tras sofocar una revuelta en Alejandría (296), que había sido
un centro de alquimia egipcia. Es alquimia es conocida principalmente
a través de los escritos de antiguos (helénicos) filósofos griegos,
que a su vez han sobrevivido con frecuencia sólo en traducciones
islámicas. La leyenda cuenta que el fundador de la alquimia
egipcia fue el dios Thot, llamado Hermes-Thot o Hermes Trimegisto
("Tres veces grande") por los griegos. Según la leyenda, éste
escribió los llamados cuarenta y dos Libros del Saber, cubriendo
todos los campos del conocimiento, incluyendo la alquimia. El
símbolo de Hermes era el caduceo o vara de serpiente, que llegó
a ser uno de los muchos símbolos principales de la alquimia.
La "Tabla de Esmeralda" o Hermética de Hermes Trimegisto, de
la que se sabe sólo por traducciones griegas y árabes, es normalmente
considerada como la base de la filosofía y práctica alquímicas
occidentales, llamada filosofía hermética por sus primeros seguidores.
El primer punto de la "Tabla de Esmeralda" cuenta el propósito
de la ciencia hermética: "en verdad ciertamente y sin duda,
todo lo que está abajo es como lo que está arriba, y todo
lo que está arriba es como lo que está abajo, para realizar
los milagros de una cosa" (Burckhardt, p. 196-7). Esta en
la creencia macrocosmos-microcosmos central a la filosofía
hermética. En otras palabras, el cuerpo humano (el microcosmos)
se ve afectado por el mundo exterior (el macrocosmos), que
incluye los cielos a través de la astrología y la tierra a
través de los elementos (Burckhardt, p. 34-42). Más tarde,
los macedonios grecoparlantes conquistaron Egipto y fundaron
la ciudad de Alejandría en 332. Esto los puso en contacto
con las ideas egipcias.
La alquimia en el mundo griego
Los griegos se apropiaron de las creencias herméticas
egipcias y las mezclaron con las filosofías pitagórica, jonista
y gnóstica. La filosofía pitagórica es, esencialmente, la creencia
en que los números gobiernan el universo, surgida de las observaciones
del sonido, las estrellas y formas geométricas como los triángulos
o cualquier cosa de la que pueda derivarse una razón. El pensamiento
jonio se basaba en la creencia en que el universo podía ser
explicado a través de la concentración en los fenómenos naturales.
Se cree que esta filosofía fue originada por Tales y su pupilo
Anaximandro y posteriormente desarrollada por Platón y Aristóteles,
cuyas obras llegaron a ser una parte integral de la alquimia.
Según esta creencia, el universo puede describirse por unas
pocas leyes que pueden determinarse sólo mediante cuidadosas,
minuciosas y arduas exploraciones filosóficas. El tercer componente
introducido a la filosofía hermética por los griegos fue el
gnosticismo, una creencia -frecuente en el Imperio Romano cristiano
e inmediatamente posterior- en que el mundo es imperfecto porque
fue creado de manera imperfecta, y que el aprendizaje sobre
la naturaleza de la sustancia espiritual llevaría a la salvación.
Incluso creían que Dios no "creó" el universo en el sentido
clásico, sino que el universo fue creado "de" él, pero se corrompió
en el proceso (en lugar de corromperse por las transgresiones
de Adán y Eva, es decir, el pecado original). Según las creencias
gnósticas, al adorar el cosmos, la naturaleza o las criaturas
del mundo, uno adora al Dios Verdadero. Los gnósticos no buscaban
la salvación del pecado, sino que perseguían huir de la ignorancia,
creyendo que el el pecado es meramente una consecuencia de ésta.
También se absorbieron las teorías platónicas y neoplatónicas
sobre los universales y la omnipotencia de Dios.
Un concepto muy importante introducido en esta épico, concebido
por Empédocles y desarrollado por Aristóteles, fue que todas
las cosas del universo estaban formadas por sólo cuatro elementos:
tierra, aire, agua y fuego. Según Aristóteles, cada elemento
tenía una esfera a la que pertenecía y a la que regresaría
si se le dejaba intacto (Lindsay, p. 16).
Los cuatro elementos de los griegos eran aspectos cualitativos
de la materia, y no cuantitativos como lo son nuestros elementos
modernos. "... La auténtica alquimia nunca trató la tierra,
el aire, el agua y el fuego como sustancias corpóreas o químicas
en el sentido actual de la palabra. Los cuatro elementos era
simplemente las cualidades primarias y más generales por medio
de las cuales la sustancia amorfa y puramente cuantitativa
de todos los cuerpos se presentaba primero en una forma diferenciada."
(Hitchcock, p. 66) Alquimistas posteriores (si puede llamarse
así a Platón y Aristóteles) desarrollaron extensivamente los
aspectos místicos de este concepto.
La alquimia en el Imperio Romano
Los romanos adoptaron la alquimia y las metafísicas
griegas, al igual que adoptaron gran parte de su conocimiento
y filosofía. Al final del Imperio Romano la filosofía alquímica
se había unido a las filosofías de los egipcios creando el culto
del hermeticismo. (Lindsay) Sin embargo, del desarrollo del
Cristianismo en el Imperio trajo una línea opuesta de pensamiento,
proveniente de Agustino de Hipo (354-430), un filósofo cristiano
temprano que escribió sobre sus creencias poco antes de la caída
del Imperio Romano. En esencia, él sentía que la razón y la
fe podían ser usadas para entender a Dios, pero que la filosofía
experimental era mala: "Hay también presente en el alma, por
los medios de estos mismos sentidos corporales, una especie
de vacío anhelo y curiosidad que pretende no conseguir el placer
de la carne sino adquirir experiencia a través de ésta, y esta
vacía curiosidad se dignifica con los nombres de conocimiento
y ciencia." (Agustino, p. 245)
Las ideas agustinianas era decididamente antiexperimentales,
si bien las técnicas experimentales aristotélicas no fueron
rechazadas cuando estuvieron disponibles en Occidente. Aún
así, el pensamiento agustiniano estuvo fuertemente arraigado
en la sociedad medieval y se usó para mostrar la alquimia
como contraria a Dios. Finalmente, en la alta edad media,
esta línea de pensamiento creó una permanente escisión que
separaba la alquimia de la misma religión que había acogido
su nacimiento.
Buena parte del saber alquímico romano, como el de los griegos
y los egipcios, se ha perdido. En Alejandría, el centro de
los estudios alquímicos en el Imperio Romano, el arte era
principalmente oral y en interés del secreto poco se confiaba
al papel. (De ahí el uso de "hermético" para indicar "secreto".)
(Lindsay, p. 155) Es posible que alguna obra fuese escrita
en Alejandría, y que fuera subsecuentemente perdida o quemada
en los turbulentos periodos siguientes.
La alquimia en el mundo islámico
Tras la caída del Imperio Romano, el foco de
desarrollo alquímico se trasladó a Oriente Medio. Se sabe mucho
más sobre la alquimia islámica porque fue documentada mejor:
de hecho, la mayoría de los primeros escritos que han sobrevivido
el paso de los años lo hicieron como traducciones islámicas.
(Burckhardt p. 46) El mundo islámico fue un crisol para la alquimia.
El pensamiento platónico y aristotélico, que ya había sido en
cierta medida incluido en la ciencia hermética, continuó siendo
asimilados. Alquimistas islámicos tales como al-Razi (en latín
Rasis) aportaron importantes descubrimientos químicos propios,
tales como la técnica de la destilación (las palabras alambique
y alcohol son de origen árabe), los ácidos muriático, sulfúrico
y nítrico, la sosa (al-natrun) y la potasa (alkali) -de las
que derivan los nombres internacionales del sodio y el potasio,
Natrium y Kalium-, y más. El descubrimiento de que el agua regia,
una mezcla de ácido nítrico y clorhídrico, podía disolver el
metal más noble -el oro- habría de avivar la imaginación de
alquimistas durante el siguiente milenio.
Los filósofos islámicos también hicieron grandes contribuciones
al hermeticismo alquímico. Podría decirse que el autor más
influyente en este aspecto fue Jabir Ibn Hayyan (en árabe
???? ??? ????, en latín Geberus, normalmente escrito en castellano
como Geber). El objetivo primordial de Jabir era la takwin,
la creación artificial de vida en el laboratorio alquímico,
hasta e incluyendo la vida humana. Jabir analizó cada elemento
aristotélico en término de las cuatro cualidades básicas de
calor, frío, sequedad y humedad. (Burkhardt, p. 29) De acuerdo
con él, en cada metal dos de estas cualidades eran interiores
y dos exteriores. Por ejemplo, el plomo era externamente frío
y seco, mientras que el oro era caliente y húmedo. De esta
forma, teorizaba Jabir, reordenando las cualidades de un metal,
podía obtenerse uno diferente. (Burckhardt, p. 29) Con este
razonamiento, la búsqueda de la piedra filosofal fue introducida
en la alquimia occidental. Jabir desarrolló una elaborada
numerología mediante la que las iniciales del nombre de una
sustancia en árabe, cuando se les aplicaban varias transformaciones,
mantenían correspondencias con las propiedades físicas del
elemento.
Actualmente suele aceptarse que la alquimia china influenció
a los alquimistas árabes (Edwards p. 33-59; Burckhardt, p.
10-22), aunque el alcance de la misma es aún objeto de debate.
De la misma forma, las enseñanzas hinduistas fueron asimiladas
por la alquimia islámica, pero de nuevo la extensión y efectos
de ello no son bien conocidos.
La alquimia en la Europa medieval
Debido a sus fuertes conexiones con las culturas
griega y romana, la alquimia fue bastante fácilmente aceptada
por la filosofía cristiana, y los alquimistas medievales europeos
absorbieron extensivamente el conocimiento alquímico islámico.
Gerberto de Aurillac (fallecido en 1003), quien más tarde se
convertiría en el Papa Silvestre II, fue uno de los primeros
en llevar la ciencia islámica a Europa desde España. Más tarde,
hombre como Adelardo de Bath, quien vivió en el siglo XII, trajeron
enseñanzas adicionales. Pero hasta el siglo XIII los movimientos
fueron principalmente asimilativos. (Hollister p. 124, 294)
En este periodo aparecen algunas desviaciones de los principios
agustinianos de los primeros pensadores cristianos. San Anselmo
(1033-1109) fue un agustiniano que creía que la fe debe preceder
al racionalismo, como Agustino y la mayoría de los teólogos
anteriores a él había creído, aunque él añadió la opinión
de que la fe y el racionalismo eran compatibles y fomentó
este último en un contexto cristiano. Sus puntos de vista
sentaron las bases para la explosión filosófica que habría
de ocurrir. San Abelardo continuó el trabajo de Anselmo, preparando
los cimientos para la aceptación del pensamiento aristotélico
antes de que las primeras obras de Aristóteles alcanzasen
Occidente. Su principal influencia en la alquimia fue su creencia
en que los universales platónicos no tenían una existencia
separada fuera de la consciencia del hombre. Abelardo también
sistematizó el análisis de las contradicciones filosóficas.
(Hollister, p. 287-8)
Robert Grosseteste (1170-1253) fue un pionero de la teoría
científica que posteriormente sería usada y refinada por los
alquimistas. Grosseteste tomó los métodos de análisis de Abelardo
y añadió el uso de observaciones, experimentación y conclusiones
al realizar evaluaciones científicas. También trabajó mucho
para tender en puente entre el pensamiento platónico y el
aristotélico. (Hollister, p. 294-5) Alberto Magno (1193-1280)
y Tomás de Aquino (1225-1274) fueron dos dominicos que estudiaron
a Aristóteles y trabajaron en la reconciliación de las diferencias
entre la filosofía y el Cristianismo. Tomás de Aquino también
trabajó intensamente en desarrollar el método científico.
Incluso fue tan lejos como para afirmar que los universales
podrían ser descubiertos sólo mediante el razonamiento lógico:
esto contradecía la creencia platónica común en que los universales
se encontraban sólo mediante iluminación divina. Ambos estuvieron
entre los primeros en emprender el examen de la teoría alquímica,
y podrían ser considerados como alquimistas, excepto por el
hecho de que hicieron poco en cuanto a experimentación. Una
importante contribución de Tomás de Aquino fue la creencia
en que dado que la razón no puede oponerse a Dios, debe por
tanto ser compatible con la teología. (Hollister p. 290-4,
355)
El primer alquimista auténtico en la Europa medieval fue
Roger Bacon. Su obra supuso tanto para la alquimia como la
de Robert Boyle para la química y la de Galileo Galilei para
la astronomía y la física. Bacon (1214-1294) era un franciscano
de Oxford que estudió la óptica y los lenguajes además de
la alquimia. Los ideales franciscanos de enfrentarse al mundo
en lugar de rechazarlo le llevaron a su convicción de que
la experimentación era más importante que el razonamiento:
"De las tres formas en las que el hombre piensa que adquiere
conocimiento de las cosas: autoridad, razonamiento y experiencia;
sólo la última es efectiva y capaz de llevar de paz al intelecto."
(Bacon p. 367) "La ciencia experimental controla las conclusiones
de todas las otras ciencias. Revela verdades que el razonamiento
de los principios generales nunca habría descubierto." (Hollister
p. 294-5) A Roger Bacon también se le ha atribuido el inicio
de la búsqueda de la piedra filosofal y del elixir de la vida:
"Esa medicina que eliminará todas las impurezas y corrupciones
de los metales menores también, en opinión de los sabios,
quitará tanto de la corruptibilidad del cuerpo que la vida
humana podrá ser prolongada durante muchos siglos." La idea
de la inmortalidad fue reemplazada por la noción de la longevidad;
después de todo, el tiempo que el hombre pasa en la Tierra
era simplemente para esperar y prepararse para la inmortalidad
en el mundo de Dios. La inmortalidad en la Tierra no encajaba
con la teología cristiana. (Edwards p. 37-8) Bacon no fue
el único alquimista de esta época, pero sí el más importante.
Sus obras fueron usadas por incontables alquimistas entre
los siglos XV y XIX. Otros alquimistas de su misma épica compartieron
diversos rasgos. Primero, y más obviamente, casi todos fueron
miembros del cero. Esto se debía simplemente a que poca gente
fuera de las escuelas parroquiales tenía la educación necesaria
para examinar las obras derivadas del árabe. Además, la alquimia
en esta época era autorizada por la iglesia como un buen método
de explorar y desarrollar la teología. La alquimia era interesante
para la amplia variedad de clérigos porque ofrecía una visión
racionalista del universo donde los hombres apenas estaban
empezando a aprender sobre el racionalismo. (Edwards p. 24-7)
Así que hacia finales del siglo XIII, la alquimia se había
desarrollado hasta un sistema de creencias bastante estructurado.
Es más: todos los alquimistas eran auténticos cristianos.
Creían en la teorías de Hermes sobre el macrocosmos-microcosmos,
es decir, creían que los procesos que afectan a los minerales
y otras sustancias podían tener un efecto en el cuerpo humano
(por ejemplo, si uno pudiera aprender el secreto de purificar
oro, podría usarse la misma técnica para purificar el alma
humana). Estos hombres creían que la piedra filosofal era
una sustancia capaz de purificar metales básicos (y por tanto
transmutarlos en oro) así como de purificar el alma. Creían
en los cuatro elementos y las cuatro cualidades anteriormente
descritas, y tenían una fuerte tradición de esconder sus ideas
escritas en un laberinto de jerga codificada lleno de trampas
para despistar a los no iniciados. Por último, los alquimistas
practicaban su arte: experimentaban activamente con sustancias
químicas y hacían observaciones y teorías sobre cómo funcionaba
el universo. Toda su filosofía giraba en torno a su creencia
en que el alma del hombre estaba dividida dentro de él tras
la caída de Adán. Purificando las dos parte del alma del hombre,
éste podría reunirse con Dios. (Burckhardt p. 149)
En el siglo XIV, estos puntos de vista sufrieron un cambio
importante. Guillermo de Ockham, un franciscano de Oxford
que murió en 1349, atacó la visión tomista de la compatibilidad
entre la fe y la razón. Su opinión, hoy ampliamente aceptada,
era que Dios debe ser aceptado sólo con la fe, pues Él no
podía ser limitado por la razón humana. Por supuesto este
punto de vista no era incorrecto si uno aceptaba el postulado
de un Dios ilimitado frente a la limitada capacidad humana
para razonar, pero eliminó virtualmente a la alquimia como
práctica aceptada en los siglos XIV y XV. (Hollister p. 335)
El papa Juan XXII publicó a principios de los años 1300 un
edicto contra la alquimia, que efectivamente retiró a todos
los miembros de la iglesia de la práctica del arte. (Edwards,
p.49) Los cambios climáticos, la peste negra y el incremento
de guerras y hambrunas que caracterizaron a este siglo sirvieron
también sin duda de obstáculo al ejercicio filosófico en general.
La alquimia se mantuvo viva gracias a hombre como Nicolas
Flamel, digno de mención sólo porque fue uno de los pocos
alquimistas que escribieron en estos tiempos difíciles. Flamel
vivió entre 1330 y 1417 y serviría como arquetipo para la
siguiente fase de la alquimia. No fue un investigador religiosos
como muchos de sus predecesores, y todo su interés en el arte
giraba en torno a la búsqueda de la piedra filosofal, que
se dice que halló: sus obras emplean gran cantidad de espacio
describiendo los procesos y reacciones, pero nunca llegan
a dar la fórmula para lograr las transmutaciones. La mayoría
de su obra estaba dedicada a recoger el saber alquímico anterior
a él, especialmente en lo relacionado a la piedra filosofal.
(Burckhardt p. 170-181)
Durante la alta Edad Media (1300-1500) los alquimistas fueron
muy parecidos a Flamel: se concentraron en la búsqueda de
la piedra filosofal y el elixir de la juventud, que ahora
se cree que eran cosas separadas. Sus alusiones crípticas
y su simbolismo llevaron a grandes variaciones en la interpretación
del arte. Por ejemplo, muchos alquimistas durante este periodo
interpretaban que la purificación del alma significaba la
transmutación del plomo en oro (en la que creían que el mercurio
jugaba un papel crucial). Estos hombres eran considerados
magos y hechiceros por muchos, y fueron con frecuencia perseguidos
por sus prácticas. (Edwards p. 50-75; Norton p. lxiii-lxvii)
Tycho Brahe, más conocido por sus investigaciones astronómicas
y astrológicas, era también un alquimista. Tuvo un laboratorio
expresamente construido para ello en Uraniborg, su observatorio
e instituto de investigación.
Uno de estos hombres que surgió a principios del siglo XVI
se llamaba Heinrich Cornelius Agrippa. Este alquimista creía
ser un mago y pensaba ser capaz de invocar espíritus. Su influencia
fue insignificante, pero como Flamel, elaboró escritos a los
que se refirieron alquimistas de años posteriores. De nuevo
como Flamel, hizo bastante por cambiar la alquimia de una
filosofía mística a una magia ocultista. Mantuvo viva las
filosofías de alquimistas anteriores, incluyendo ciencia experimental,
numerología, etcétera, pero añadió teoría mágica, lo que reforzó
la idea de la alquimia como creencia ocultista. A pesar de
todo esto, Agrippa aún era un cristiano, aunque sus opiniones
entraron con frecuencia con conflicto con la iglesia. (Edwards
p. 56-9; Wilson p. 23-9)
La alquimia en la era moderna y el Renacimiento
La alquimia europea continuó por la misma senda
hasta los albores del Renacimiento. Esta época vio también un
florecimiento de los timadores que usaban trucos químicos y
juegos de manos para "demostrar" la transmutación de metales
comunes en oro, o que afirmaban poseer el conocimiento del secreto
que -con una "pequeña" inversión inicial- llevaría con toda
seguridad a ello.
El nombre más importante de este periodo es Paracelso (1493-1541),
quien dio a la alquimia una nueva forma, rechazando parte
del ocultismo que había acumulado a lo largo de los años y
promoviendo el uso de observaciones y experimentos para aprender
sobre el cuerpo humano. Paracelso rechazó las tradiciones
gnósticas, pero mantuvo mucho de las filosofías hermética,
neoplatónica y pitagórica; sin embargo, la ciencia hermética
tenía tanta teoría aristotélica que su rechazo del gnosticismo
era prácticamente insignificante. En particular, rechazó las
teorías mágicas de Flamel y Agrippa. Paracelso no se veía
a sí mismo como un mago, y desdeñaba a quienes lo hacían.
(Williams p.239-45)
Paracelso fue pionero en el uso de compuestos químicos y
minerales en medicina, y escribió que "Muchos han dichos que
la alquimia es para fabricar oro y plata. Para mí no es tal
el propósito, sino considerar sólo la virtud y el poder que
puede haber en las medicinas." (Edwards, p.47) Sus puntos
de vista herméticos eran que la enfermedad y la salud del
cuerpo dependían de la armonía del hombre (el microcosmos)
y la Naturaleza (el macrocosmo). Paracelso dio un enfoque
diferente al de sus predecesores, usando esta analogía no
como referencia a la purificación del alma sino como a que
los humanos deben mantener ciertos equilibrios de minerales
en sus cuerpos, y que para ciertas enfermedades de éstos había
remedios químicos que podían curarlas. (Debus y Multhauf,
p. 6-12) Mientras sus intentos de tratar enfermedades con
remedios tales como el mercurio podrían parecer contraproducentes
desde un punto de vista moderno, su idea básica de medicinas
producidas químicamente ha permanecido vigente sorprendentemente
bien.
En Inglaterra, la alquimia en esta época se asocia frecuentemente
con el Doctor John Dee (13 de julio de 1527 - diciembre de
1608), más conocido por sus facetas de astrólogo, criptógrafo
y "consultor científico" general de la reina Isabel I. Dee
era considerado una autoridad en la obra de Roger Bacon, y
estuvo lo suficientemente interesado en la alquimia como para
escribir un libro sobre ella (Monas Hieroglyphica, 1564) influenciado
por la cábala. El socio de Dee Edward Kelley -quien afirmaba
conversar con ángeles a través de una bola de cristal y poseer
una pólvora que volvería el mercurio en oro- puede haber sido
la fuente de la imagen popular del alquimista-charlatán. Entre
los demás alquimistas de esta época es digno de mención Michal
Sedziwój (Michael Sendivogius) (1566&ndahs;1636), un alquimista,
filósofo y médico polaco, pionero de la química. Michal suponía
que el aire contiene oxígeno, 170 años antes de que Scheele
y Priestley, calentando salitre. Pensaba que el gas resultante
era "el elixir de la vida".
El declive de la alquimia occidental
La desaparición de la alquimia occidental se
debió al auge de la ciencia moderna con su énfasis de la rigurosa
experimentación cuantitativa y su desdén hacia la "sabiduría
antigua". Aunque las semillas de estos sucesos fueron plantadas
ya en el siglo XVII, la alquimia aún prosperó durante unos doscientos
años, y de hecho puede que alcanzase su apogeo en el siglo XVIII.
Robert Boyle (1627-1691), más conocido por sus estudios
sobre los gases (véase la ley de Boyle), fue uno de los pioneros
del método científico en las investigaciones químicas. Boyle
no asumía nada en sus experimentos y recopilaba todos los
datos relevantes: en un experimento típico, Boyle anotaba
el lugar en el que se efectuaba, las características del viento,
las posiciones del sol y la luna, la lectura barométrica,
por si luego resultasen ser relevantes. (Pilkington p. 11)
Este enfoque terminó llevando a la fundación de la química
moderna en los siglos XVIII y XIX, basada en los revolucionarios
descubrimientos de Lavoisier y John Dalton, que finalmente
proporcionaron un marco de trabajo lógico, cuantitativo y
fiable para entender las transmutaciones de la materia, y
revelaron la futilidad de las tradicionales metas alquímicas
tales como la piedra filosofal. Mientras tanto, la alquimia
paracélsica llevó al desarrolló de la medicina moderna. Los
experimentalistas descubrieron gradualmente los mecanismos
del cuerpo humano, tales como la circulación de la sangre
(Harvey, 1616), y finalmente localizaron el origen de muchas
enfermedades en las infecciones con gérmenes (Koch y Pasteur,
siglo XIX) o la falta de nutrientes y vitaminas naturales
(Lind, Eijkman, Funk, et al.). Apoyada en el desarrollo paralelo
de la química orgánica, la nueva ciencia desplazó fácilmente
a la alquimia en sus aplicaciones médicas, interpretativas
y prescriptivas, mientras apagaba su esperanza en elixires
milagrosos y mostraba la inefectividad e incluso toxicidad
de sus remedios.
De esta forma, a medida que la ciencia siguió incesantemente
descubriendo y racionalizando los mecanismos del universo,
fundada en su propia metafísica materialista, la alquimia
fue quedando despojada de sus conexiones química y médica,
pero incurablemente sujeta a ellas. Reducida a un sistema
filosófico arcano, pobremente conectada al mundo material,
la alquimia sufrió el destino común a otras disciplinas esotéricas
tales como la astrología y la cábala: excluida de los estudios
universitarios, rechazada por sus antiguos mecenas, relegada
al ostracismo por los científicos, y considerada habitualmente
como el epítome de la charlatanería y la superstición.
Estos avances podrían ser interpretados como parte de una
reacción más amplia del intelectualismo europeo contra el
movimiento romántico del siglo anterior. Sea como fuere, da
mucho que pensar el ver cómo una disciplina que ostentó buena
parte del prestigio intelectual y material durante más de
doscientos años pudo desaparecer tan fácilmente del universo
del pensamiento occidental.
La alquimia en la literatura
Muchos autores satirizaron a los alquimistas
y los usaron como blanco de ataques satíricos. El más famoso
de ellos es la obra El alquimista de Ben Jonson. En las novelas
infantiles de Harry Potter se menciona una "piedra filosofal".
En el mundo imaginado por J.K. Rowling, esta piedra fue creada
por alquimistas y tiene poder de transformar cualquier metal
en oro puro y crear el "elixir de la vida", que permite al que
lo toma vivir mucho más de lo normal. Se atribuye la creación
de la piedra al personaje llamado Flamel. En el libro, resulta
necesario beber periódicamente el elixir para permanecer inmune
a la muerte natural.
Un alquimista llamado Melquíades es un personaje de la clásica
novela de Gabriel García Mázquez Cien años de soledad. El
motivo alquímico añade una sensación mágica a la novela (véase
realismo mágico). En la segunda parte de Fausto, Johann Wolfgang
von Goethe muestra a Wagner, el sirviente de Fausto, usando
la alquimia para crear un homúnculo.
La alquimia y la piedra filosofal es también de gran importancia
en la trama del anime Full Metal Alchemist.
Las maneras y métodos de la alquimia también son esenciales
en la exitosa novela de Paulo Coelho El alquimista.
El término "alquímico" se usa a veces para referirse a unos
estudios que caminan hacia el estado de ciencia pero aún no
lo han alcanzado. Por ejemplo, Larry Niven señala en sus historias
del Espacio conocido que la psicología del siglo XX está "en
sus etapas alquímicas", antes de ser perfeccionada por generaciones
posteriores hasta una auténtica ciencia.
Sustancias de los alquimistas
" Oro o plata o plomo o cobre o zinc o mercurio
" Fósforo o azufre o arsénico o antimonio
" Vitriolo o magnesio o pólvora
" Amoniaco o sal amónica o alcohol
" Ácidos: sulfúrico o muriático o nítrico o acético o fórmico
o cítrico
" Agua regia
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